Análisis: Tyrian. “Entre blasters y zanahorias” por William C. Rilley

—“¿Niño, ya estás otra vez con las navecitas?”— Estoy seguro de que la mayoría de los que pasamos de los treinta, o incluso rozamos los cuarenta, alguna vez en la vida habremos escuchado esa dichosa frasecita de boca de alguno de nuestros queridos progenitores.

“Las navecitas”, así es como se referían, en los últimos años ochenta y principio de los noventa, la mayoría de padres a los videojuegos. Apelativo ganado a pulso por la industria del videojuego allá por sus inicios gracias a memorables juegos como Space Invaders, Galaga, Last Resort o el mismísimo Star Wars. Y es que, el género de los “marcianitos”, “las navecitas” o “shooter de desplazamiento vertical”, como dirían los expertos, ha sido, sin duda, uno de los grandes buques insignias en el mundo de los videojuegos, desde sus comienzos, hasta prácticamente nuestros días; donde, guiado por los descomunales avances tecnológicos, el género de naves y shooters poco o nada tiene que ver con sus antecesores.

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Pero quedémonos en el pasado (no podía ser de otra forma, si habéis entrado en este blog), porque, es precisamente de uno de esos antecesores, quizás menos conocido, del que me gustaría hablar hoy. Se trata de Tyrian, un genialísimo shooter de naves aparecido en 1995 de la mano de Epic MegaGames. Posteriormente, en el año 2000, apareció una versión ampliada con un episodio extra hasta que, en el 2004, se convirtió en freeware y disponible en descarga abierta; pero es la versión original  la que quiero comentar en esta ocasión, aquella que marcó parte de mi adolescencia matando “marcianitos.”

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Contaba un servidor, por aquel entonces, la tierna cifra de quince años de edad. Mis padres me habían comprado un poco antes mi primer PC con la idea de que me ayudara en los estudios (pobres padres, que ilusos llegan a ser a veces), un magnifico 486dx4 a 100mghz con 8mb de RAM; un ordenador “carne de perro”, como decimos en mi tierra. Aquel “bicho” aguantaba lo que le echaran, y estuvo en mi poder durante bastantes años, incluso cuando ya los Pentium MMX y Pro reinaban en el universo gamer. Un amigo me pasó, un buen día, una copia del Tyrian en diskettes de tres y medio (sí, en diskettes, soy así de viejuno) y desde la primera pantalla del primer episodio supe que aquella navecita que apareció en mi pc iba a consumir muchas horas de mi vida.

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Tyrian contaba con dos modos de juego principales, un modo llamado full game y el arcade. Amén de un modo arcade para dos jugadores donde el segundo jugador manejaba una nave secundaria con el ratón. El full game sería el equivalente al usualmente llamado modo historia. En el íbamos avanzando niveles y recolectando cubos de información de las misiones y dinero o puntos con el que mejorar nuestra nave. Esta personalización era sin duda uno de los grandes puntos fuertes de Tyrian. Podríamos escoger el tipo y diseño de nuestra nave, arma principal, arma secundaria e incluso dos armas laterales auxiliares que nos serían más que útiles en algunas fases del juego, donde los enemigos llegaban a inundar la pantalla. Además de esto, también debíamos dedicar una parte de nuestro dinero a obtener unos potentes escudos y buen generador, ya que sin ellos nuestra supervivencia sería una empresa del todo quimérica. Por mucha potencia de fuego que tuviéramos, y en Tyrian algunas armas eran potentes de verdad, poco duraríamos en algunos niveles sin un buen generador que recargara, de manera rápida nuestras armas y nuestros escudos. La variedad de armas que podíamos comprar era muy amplia y la pantalla se podía llenar fácilmente con nuestros disparos si invertíamos una buena cantidad de dinero en nuestros cañones principales. Era una delicia ver a los enemigos morder el polvo bajo la potencia devastadora de nuestros zyca laser o lightning cannons de nivel 11 o estallar rotos por nuestras sonic waves, por citar algunas de las armas más llamativas del juego.

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Conocer bien estas armas se hacía más importante si cabe en el modo arcade. Un modo de juego donde la adrenalina y la diversión se multiplicaban gracias a los potenciadores que los enemigos iban dejando caer a medida que los eliminábamos. A diferencia del modo historia, aquí no podíamos comprar ni mejorar nuestra nave entre misión y misión, sino que durante el juego podríamos ir mejorando la potencia o cambiar el tipo de arma en función de los orbes que fuéramos recolectando durante los niveles. Esto era un arma de doble filo, ya que no era raro que en niveles avanzados, cuando ya poseíamos un buen arsenal, cogiéramos por error un arma de menor potencia haciéndonos harto difícil seguir avanzando. Os aseguro que este modo arcade no dejaba indiferente a nadie y era realmente adictivo recoger esferas grises para potenciar nuestras armas principales.

 

No obstante, más allá de esas tremebundas armas y opciones que hacían de Tyrian un juego tremendamente divertido, no fue eso lo que hizo que este shooter se quedara grabado en mi mente durante años. Y es que Tyrian era especial. A medida que iba avanzando niveles, no podía si no dejar de pensar en cómo sería el ambiente de trabajo en el estudio de los programadores; los imaginaba tecleando, sin descanso, códigos entre mareas de humo de segunda mano y cafés americanos mientras escuchaban sin parar Lucy in the Sky with Diamonds (el que lee entienda) y pensando cómo podrían hacer de Tyrian un juego inolvidable:

—Oye, ¿y si metemos enemigos en los últimos niveles que tenga formas de partes del cuerpo?

— ¿Cómo brazos y piernas?

—No, pensaba más bien en ojos que lloren disparos laser o narices que suelten mocos verdes. Es más, ¿Por qué no hacemos un malo final con forma de cara y que te escupa fuego con su lengua?

— ¡Vaya, que buena idea! Deberíamos hacer otro con forma de cerebro, y que gire la pantalla y ponga colores psicodélicos para despistar al jugador.

—Uff, sí tío. Genial. Hagámoslo.

Y dicho y hecho, porque, aunque parezca mentira, todas esas frikadas, y muchas más, podemos encontrarlas en Tyrian. Cosas que os harán replantearos a qué diablos estáis jugando, pero que os aseguro que no os dejaran indiferentes en ningún momento. ¿Quién no ha deseado alguna vez dominar la galaxia a mandos de su nave zanahoria mientras dispara plátanos o perritos calientes (con mostaza, por supuesto)? Pues en Tyrian puedes, porque, sí amigos, si pasáis el juego tendréis disponible la súper carrot y el banana blaster, el arma más mortífera que podáis imaginar. Una delicia para los sentidos. Las frikadas que incluyeron en este juego llegaban hasta tal extremo que incluso, llegada la época, podríamos activar el modo navidad, donde nuestros cañones disparan caramelos en forma de bastones y los potenciadores se convierten en bolas de árbol de navidad. Añadidle a eso la increíble música que nos acompaña en cada nivel (¡viva el midi!), los imaginativos enemigos ya citados y la multitud de niveles secretos que podríamos encontrar a lo largo del juego y la pregunta es evidente ¿qué más necesitas para probar este juegazo? Corred a vuestros viejos PC’s y poneros a reventar ojos y narices moqueantes mientras os coméis un perrito caliente (con mostaza, claro); os lo habéis ganado, después de todo, acabáis de salvar el universo a mandos de una zanahoria.

william c riley

 

William C. Rilley es el pseudónimo tras el que se esconde José Pérez Montero. Un sevillano de 38 años, marido, padre, osteópata de profesión y escritor de vocación. Entre varios relatos publicados, destaca el guión del cortometraje “El Farol”, estrenado en cine en el 2009. Actualmente escribe en el blog Sobre lecho blanco curvas negras.

11 comentarios sobre “Análisis: Tyrian. “Entre blasters y zanahorias” por William C. Rilley

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  1. Me encantó la reseña!!
    Nunca fui de los juegos de este género pero me suena haberlo jugado alguna vez. Es de lo más gratificante ir destruyendo marcianitos con tu nave.
    Se ve que nunca avance mucho porque no sabia de las frikadas de los últimos niveles, ahora que es un software libre creo que voy a volver a jugarlo.
    Un abrazo grande y nos leemos!!

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  2. Gran post, me ha encantado. Veo que no soy el único que dice “viejos” (tengo hasta grupos de fb con eso), que disfrute como tu de mi 486dx4, y que este juego se me escapó, principalmente pq aquí en Lanzarote no llegaban los juegos.
    Si que jugué a otros clásicos como el 1942 y alguno más que no recuerdo como se llamaba.

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