Ivelias Random Access: Las tardes de los “enviciaos”.

Recuerdo como si fuera ayer todas esas tardes pegados a los recreativos tal y como recuerda todo el mundo ese ambiente tan especial.

Era curioso que entre todos nuestros amigos nadie le gustase en especial los videojuegos, siendo mucho más normal jugar en la calle a los típicos juegos de entonces o simplemente hacer el burro por ahí, o como decimos en Sevilla, “cafrear”. Pero a mi primo y a mí nos encantaban las “maquinitas”.

Es más curioso aún que mi primo nacido en el 90 y yo en el 88, pudiésemos vivir las recreativas aún en las tiendas de chucherías, bares y algún que otro salón recreativo de la zona que ya daba coletazos en pos de un futuro cierre. Si contamos que jugábamos a máquinas como si fueran auténticas novedades y eran juegos que sus placas llevaban dando leña una década, es que lo nuestro era puro romance con esas máquinas.

Por entonces nuestras habilidades frente al joystick eran bastante mejores de lo que hoy día somos: nos terminábamos los juegos en cuestión de días y teníamos una sola moneda al día para jugar, con la difícil decisión en algunas ocasiones entre echar a una u otra recreativa. Por entonces algunos de nuestros amigos dejaban de jugar casi todos los días para vernos jugar a Metal Slug, Metal Slug 2, Final Fight, Top Hunter: Roddy & Cathy, Snow Bros, Spin Master, Caveman Ninja… juego que tocábamos, juego que nos pulíamos.

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Esta es la única fotografía que tenemos de aquella época, supongo que sería en alguna venta. Lo que esta claro que a esa máquina le íbamos a dar caña.

Como todo, aquella época se fue desvaneciendo: las máquinas fueron dejando espacio a las neveras para refrescos o a las tragaperras, y los salones cerraban sin parar, y mientras tanto nosotros alucinábamos con el Windows Millenium y nuestra Sega Saturn heredada y más que muerta. Y de ahí pasamos a los cibercafés. Cuando nos quisimos dar cuenta todo nuestro pequeño mundo de vicio había desaparecido de un plumazo, y sólo nos quedaba alguna que otra venta a la que acudíamos los domingos, o el SEGA Park que vivió durante mucho tiempo en un centro comercial de la localidad de Camas.

Aunque aquellos años son ya sólo recuerdos, dejaron constancia cada tarde quienes estaban en lo más alto de la “High Score”, y que cuidadito si mi primo Alberto se cogía a Blanka; por que acababas de perder 5 duros, chaval.

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