Tuve una Sega Saturn. Era y es una consola que me tiene completamente enamorado. Pero tenía un gran inconveniente, y es que cuando me la regalaron en el 98, ya era difícil encontrar juegos en algunos sitios, así que a lo que más le daba en esa época era a mi Game Boy.

Entre los locales que aún quedaban con recreativas por mi barrio, había uno por el 99 que tenía una Playstation, pagabas cinco duros y te dejaban jugar 10 minutos a la consola. Recuerdo dejarme esos cinco duros jugando a juegos como Rascal, Spyro, Medievil y más títulos que hoy día, no son menos que leyendas del videojuego. Pero un día me encontré con Crash Bandicoot 3: Warped, y mi visión sobre la “Play” había cambiado por completo: quería una Playstation para jugar a ese juego costase lo que costase.

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La Warp Zone es el lugar donde seleccionaremos nivel y guardaremos la partida.

Lanzado a finales del 98, los magníficos Naughty Dog lanzaron el que sería el último juego de la saga numerada con todo tipo de novedades, y dejando la trilogía en lo más alto. Y todo el mundo sabe, que cuando se llega a la cima, no queda más que bajarla.

La historia comienza justo al terminar el segundo juego Crash Bandicoot 2: Cortex Strikes Back: trozos de la nave espacial destruida por un arma creada por los protagonistas caen hacia la tierra, con la “mala suerte” que dan a parar contra un antiguo templo perdido, del que sale con una risotada de película Uka Uka, una máscara maldita de similar aspecto a Aku Aku, el compañero fiel de Crash, que resulta ser nada menos que el hermano gemelo de este. Uka Uka decide utilizar a N. Tropy, un científico que ha creado portales para viajar en el tiempo y recoger cristales de otras épocas para destruir de una vez por toda a Crash y su pandilla.

 

Con esta premisa, tendréis que ir viajando a través de 25 portales (más otros extras) para recoger los susodichos cristales antes que Cortex y Uka Uka. Los niveles son muy variados: niveles plataformeros como el resto de la saga, otros de carreras de moto, otras en moto de agua y en tigre con Coco, otras en avioneta… en la variedad está el gusto. Con este planteamiento el juego engancha peligrosamente, siendo todos sus diferentes niveles exageradamente divertidos, además que los escenarios son muy variados, siendo representados distintos puntos importantes del planeta tierra de la antigüedad o ciudades del futuro.

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Uno de las habilidades especiales es un maldito bazooka. ¡¿Quién no necesita un bazooka?!

Cada vez que superemos los 5 niveles presentados, tendremos que luchar con el típico jefe de marras, que dicho sea de paso, son bastante sencillos pero muy divertidos y originales, y dotan de una inevitable personalidad al título al haber pequeñas “conversaciones” previa a tu lucha mientras avanzas por los niveles. Como regalo, cada vez que acabemos un jefe conseguiremos una nueva habilidad, algo nuevo en la saga, que nos facilitará la tarea o nos dejará acceder a zonas o realizar ciertas acciones que anteriormente no podríamos realizar.

 

Pero no todo será acabar con estos jefes, ya que para completar el juego deberemos cumplir ciertos objetivos como conseguir todas las cajas que hay repartidas por los niveles o acabarlos en contrarreloj. Podría ser una tarea tediosa, pero os aseguro que es casi lo más divertido del título.

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¡Corre por tu vida Crash!

La música es muy característica, y va en la linea de los juegos anteriores, aunque no tiene ningún tema destacable, tiene un estilo tan concreto que eres capaz de identificar su música sin problemas al instante. Pero si hablamos de gráficos podríamos decir que para la primera Playstation están muy bien, utiliza un estilo artístico muy divertido, más aún que los anteriores, y el diseño de los niveles es a mi parecer, perfecto.

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Este juego es nada menos que un clásico. Sony lo convirtió en su mascota por motivos evidentes, y es que la trilogía que lanzó Naughty Dog junto a Crash Team Racing, del que seguro hablaré en el futuro, son juegos perfectos para cualquier edad y tiempo.

También salió Crash Bash, pero aquí hemos venido ha hablar de buenos juegos, y como dice mi buen amigo Pako Mulero de El Tercer Acto: “El tiempo es lo más valioso del mundo“.